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A un año del «golpe palaciego» a Lorenzetti: El día que el 4 a 1 se tornó 1 a 4

El 11 de septiembre de 2018, y tras 11 años de estar en el cargo, se anunciaba que Ricardo Lorenzetti dejaría la titularidad del máximo tribunal a partir del 1ro de octubre.

Ese día se confirmaba la decisión tras la habitual reunión de acuerdo de los miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina donde también se estableció que el próximo presidente del tribunal sería Carlos Rosenkrantz, uno de los últimos jueces en integrarse a ese cuerpo.

Lorenzetti había sido propuesto por Néstor Kirchner y se incorporó a la Corte el 12 de diciembre de 2004 para ocupar la vacante dejada por Adolfo Vázquez. Asumió como titular del máximo tribunal el 1ro de enero de 2007 en reemplazo de Enrique Petracchi.

«Lo caminaron», opinaron algunos en Tribunales. En el «bando» opuesto, en cambio, hablaron del «fin de una época».

Publicó el diario ‘Tiempo Argentino’ ese día que «Lorenzetti fue víctima de un golpe palaciego que él mismo contribuyó a crear. Su salida se venía discutiendo desde hacía meses y los tiempos se precipitaron porque en diciembre próximo (en tiempos judiciales, mañana) vencía su mandato. Manifestó su decisión de continuar, pero Rosatti y Rozenkrantz le dijeron “no”. El momento fue tenso; coronó un acuerdo de casi cuatro horas, el más largo que recuerde el tribunal en los últimos tiempos.

Lorenzetti salió del acuerdo desencajado. Y con la sensación de una traición iniciada hace mucho tiempo y concretada este martes, inesperadamente además. La elección del nuevo presidente de la Corte no estaba en la agenda de temas de la reunión semanal de este martes.

La Acordada que designó a Rozenkrantz parecía estar redactada desde antes. Firmaron formalmente Elena Highton de Nolasco, histórica vice de Lorenzetti, quien conservará el puesto de número dos. También lo hizo Rosatti y, para cuidar las formas ante la derrota inevitable, también Lorenzetti. Así, Rozenkrantz evitó votarse a sí mismo. Sólo Maqueda se mantuvo firme en su disidencia«.

La derrota fue histórica, tan dura que el juez oriundo de Rafaela ni siquiera terminó su mandato y a fin de mes le dejó su lugar a uno de los jueces nombrados por Macri.

Lorenzetti llegó a la reunión semanal con la idea de asegurarse un nuevo mandato y lo planteó al comienzo de la acordada, que empezó a las 10. Pero enseguida el eje integrado por Rosenkrantz y Horacio Rosatti le planteó que no estaba de acuerdo y comenzó una discusión casi inédita en esta Corte.

Fue la reunión más larga y áspera en ese entonces. Tras cuatro horas de debate, Lorenzetti tuvo que aceptar la derrota, consolidada tras un sorpresivo giro de Elena Highton de Nolasco, histórica aliada suya. La jueza le sacó el apoyo a Lorenzetti, que vio como se diluía la mayoría automática que conformaba junto a Juan Carlos Maqueda. Esa mayoría automática no sólo le sirvió para mantenerse en su cargo sino también para sacar fallos clave. El cordobés fue el único que sostuvo hasta último momento su apoyo a Lorenzetti, que resignado terminó votando a Rosenkrantz como su sucesor. La votación terminó 4 a 1, con el solitario rechazo del dirigente peronista cordobés, en una muestra de lealtad total.

La revista ‘Noticias’ lo resumió de manera aún más drástica:

«La reunión comenzó a las 10 y el tema se puso rápidamente sobre la mesa. Desde hacía una semana el cabildeo entre los ministros era incesante: Lorenzetti se tenía fe. Creía que conservaba la lealtad de Juan Carlos Maqueda y de Elena Highton de Nolasco. De hecho había intentado convencer a Carlos Rosenkrantz de que lo apoyara para restarle más poder a Horacio Rosatti, a quien consideraba su principal rival. No imaginaba que estaba intentando convencer a su verdugo.

La reacción de sus colegas lo sorprendió. Todos le dieron la espalda ese martes 11 por la mañana. Y Lorenzetti comenzó a imaginarse sin parte del poder que había sabido acumular durante tantos años. Se sabía acorralado, pero no se entregaba.

Como una reacción instintiva intentó frenar la reunión. Pidió un cuarto intermedio para discutirlo en otro momento, pero no obtuvo respuestas afirmativas. Había sido él quien había apurado la elección, creyendo que sería un mero trámite. No le salió bien

A las 14 de ese 11 de septiembre, los 5 firmaron la acordada 29 del 2018, que sería la más importante del año. Decidieron designar «presidente y vicepresidenta de la Corte Suprema, con mandato a partir del día 1 de octubre del corriente año por el plazo tres años, al doctor Carlos Rosenkrantz y a la doctora Elena Highton de Nolasco, respectivamente», según el documento.

La elección de Rosenkrantz fue un triunfo para el Gobierno, que mantenía una relación de ambivalente con Lorenzetti y se inclinaba por Rosenkrantz, empujado por Fabián «Pepín» Rodríguez Simón, uno de los cerebros judiciales de Macri y quien en su momento ideó la maniobra de designarlo por decreto.

La caída de Lorenzetti fue un hito para la Corte y consecuencia de un fuerte declive de su poder. Su gestión había quedado muy manchada por las denuncias de corrupción que motorizó Elisa Carrió, que se quedó con las ganas de destituirlo mediante un juicio político.

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