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Del puntapié refundador a la defunción industrial

4 ó 5 Presidentes pasarán por la Casa Rosada antes que el aparato productivo nacional haya afrontado plenamente las adecuaciones al acuerdo UE- Mercosur en barbecho, cuando nada más que elegir al 1ro. en ciernes mantiene al país paralizado, distorsionado y expectante.

Es a todas luces evidente que el apuro de Mauricio Macri por firmar los papeles con el bloque de Bruselas no tenía otro propósito que el de incluir la concreción de algún tratado internacional de libre comercio en la campaña electoral, tras 4 años de pregonar la integración al mundo, con la que pretendía diferenciarse de la gestión kirchnerista que lo precediera, sin haber dado ningún paso que no fuese retórica en esa dirección.

En las recientes jornadas en que se meneaban protocolos, el mandatario de Brasil, el socio mayor del Mercosur, Jair Bolsonaro, había optado por ir a USA a rendir pleitesías al colega Donald Trump, dejándole la iniciativa sobre el tema europeo a Macri.

Pero el propio jefe negociador de la Argentina como integrante del Mercosur, el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Horacio Reyser, se encargó de aclarar que este acuerdo «tiene un horizonte de 10 a 15 años», lapso en el que el país deberá ir modificando estructuralmente no pocas cuestiones y saltando grietas, de proyectarse las polarizaciones que caracterizan a la política.

Mirando hacia atrás, desde los ´90 que Argentina acumuló medio centenar de Tratados Bilaterales de Inversión (TBI), muchos de ellos con naciones de la Unión Europea, sin demasiado correlato en ingresos de capital destinados a la producción: US$ 2 de cada US$ 3 entraron por la puerta financiera.

Aunque habitan en el mismo planeta, vecinos de la región celebraron en todo este tiempo muchos más tratados de libre comercio (TLC) que el de los socios del Mercosur: Argentina tiene 12, Brasil 11 igual que Uruguay y Paraguay 9, mientras Chile mantiene asociaciones comerciales con 56 naciones, Colombia con 35, la mismísima Venezuela con 29 y Perú con 15.

Con esos niveles de integración, cuanto menos, las empresas de esos países han tenido que adecuarse a las reglas internacionales de competencia, como no lo hicieron las del frente del Atlántico Sur.

Además de tardío, el punto de partida al que se debería arribar tiene muchas más incógnitas que certezas.

Por ejemplo, antes que nada, ¿adónde irán a parar a partir de diciembre las variables macroeconómicas atrasadas en aras de este congelamiento forzoso justificado en la pax electoral?:

** tipo de cambio, ya que la devaluación que desató el actual ciclo de parálisis del consumo, caída del salario, aceleración de los precios internos, mayor desempleo y pobreza, ya habrá sido devorada por la inflación;

** tarifazos en suspenso desde mayo en electricidad, agua y transporte, atenuados en combustibles y diferidos en gas, que hicieron subir los subsidios económicos y por ende el gasto fiscal primario;

** precios de la canasta básica reprimidos mediante los sistemas de regulación sancionados (cuidados, esenciales);

** poder adquisitivo del salario y consumo sin Ahora 12, préstamos de ANSeS y otrosimpulsos preelectorales;

** desarme de la bomba de tiempo financiera, con vencimientos de más de US$ 20.000 millones que se convirtieron en una bola de nieve al venirse pateando desde el 1er semestre a plazos cada vez más cortos y tasas reales cada vez más positivas a medida que el IPC se acomode en el 2,5% mensual hasta después de noviembre.

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