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Otro preso que denunció venta de drogas en la cárcel, apareció muerto

Otra vez la muerte de un recluso que denunció la venta de drogas dentro de la cárcel movilizó a la Justicia. Las voces de los familiares del reo se unieron para denunciar graves irregularidades.

Otra vez personal de la Dirección de Institutos Penales quedó en el centro de las sospechas. En particular, los hombres del penal de Concepción, que hasta el momento no habían sido mencionados en las investigaciones por el tráfico de estupefacientes.

Ahora, ya son tres los presos que murieron en circunstancias poco claras, en menos de dos años, por hechos vinculados al tráfico de drogas en instituciones carcelarias.

Jesús Farías tenía 24 años. Cumplía una condena de nueve años por robo agravado y lesiones graves. Los últimos seis años de su vida los pasó en diferentes calabozos de Villa Urquiza y de la unidad del sur de la provincia. Él mismo había solicitado iniciar un tratamiento para acabar con su adicción a la droga, ya que le quedaba poco tiempo para poder salir en libertad y rehacer su vida con su mujer, según dicen sus familiares. Pero nada de eso ocurrió. El jueves por la tarde fue encontrado sin vida en su celda. El informe oficial señaló que se habría ahorcado y que sufría de un cuadro de profunda depresión. Sus compañeros de encierro, por el momento, no aportaron datos acerca de cómo se quitó la vida.

Sus familiares, en cambio, desmintieron esa versión. “El miércoles a la mañana estuve con él. Era día de visita. Estaba bien, contento. Mientras tomábamos mates, insistía que quería salir para formar familia con el amor de toda su vida. La chica se alejó de él cuando quedó detenido, tuvo una hija con otro hombre, pero después se volvieron a unir. Estaba feliz. Y al otro día, por un allegado que lo vio entrar al hospital, nos enteramos de que algo malo había pasado. Nadie nos dijo nada”, explicó Paola Natalia Romay, madre del reo.

La mujer lloró durante la entrevista con LA GACETA. Reconoció que la vida de su hijo se había transformado en un infierno por culpa de las drogas. “Esa basura lo llevó a la cárcel. Pensábamos que con el encierro cambiaría, pero no fue así. En la prisión venden drogas sus compañeros y hasta los guardias. ¿Cómo podría curarse?”, dijo Romay. Suspiró por dos segundos y agregó: “él nos contó que tenía problemas porque se negaba a vender droga para los guardias; se sentía amenazado y con mucho miedo”.

La madre del reo fallecido contó que ella sabía que su hijo compraba droga y que, a veces, obligado por los guardias, también vendía. “Le decíamos que no hiciera eso, que debía tener una buena conducta, pero siempre nos contestaba lo mismo: ‘ustedes no saben lo que es estar aquí adentro. Podés tener muchos problemas y nadie te salva’”, relató.

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