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Esperando el IPC se habla de la otra gran huelga, la de las inversiones

Dio pábulo a esas proyecciones la previa de la renovación de los precios cuidados y el acuerdo de los esenciales, ya que encabezaron los aumentos respecto de marzo los productos para el pelo + 14,1 %; Congelados + 12,3%; Leche + 10,8%; Queso Rallado + 10,2%; Manteca + 10,1%; Dulce de Leche + 8,8%; Pañales + 8,5%; Crema de Leche + 8%; Quesos Untables + 7,4%; Suavizantes + 7,1%; Salchichas + 7,1%; Huevos + 6,4%, según Focus Market.

La foja de servicios económica que precede a la Convención Nacional de la UCR de fin de mes, donde se decidirá si el tradicional partido sigue unido a la suerte de Macri como tal, o deja en libertad de acción a sus dirigentes para constituir por su cuenta alianzas con otras fuerzas que les ensanchen la presencia, exhibe todos los vectores en contra: inflación, pobreza, desempleo, consumo, PBI (sobre todo la producción industrial), inversión, tasas de interés, ajuste fiscal y monetario. 

Hasta, como colofón, el modelo en ejecución acaba de recibir el revés de ser demandado en el fuero contencioso administrativo de la Justicia Federal por uno de sus mayores adherentes en los comienzos e integrante, al mismo tiempo, de la selectiva élite de multinacionales de bandera: el grupo Techint, acaso el mayor inversor privado que ha tenido este escuálido ciclo, con los US$1.900 millones que lleva inyectados en Fortín de Piedra, de Vaca Muerta. 

Es cierto que tampoco contribuyeron a la causa macrista la guerra comercial que USA le declaró a China, ni la política de la Reserva Federal de aspirar capitales de riesgo subiendo la tasa de interés.

Ambos impactos externos sorprendieron a una Argentina sobreendeudada en muy breve lapso sin correlato productivo alguno ni precaución anticíclica, y hasta asestaron un duro golpe al que ha sido el emblema exportador por más de una larga década: la soja.

En 4 años de mandato presidencial, Macri completaría un achicamiento neto de la economía del 4% punta a punta, resultado que surge del -2,1% de retroceso en 2016, recuperación del 2,7% en 2017, de nuevo para atrás -2,5% en 2018 (hasta ahí iba un -2% en contra), a lo que se agregaría el -2% pronosticado para este año tanto por el FMI como por consultoras privadas. 

La industria, que es la principal generadora de trabajo, pagó los platos rotos de la contracción, con un 8,6% de retroceso desde 2015, de modo que el desempleo sumó 3,2 puntos resignando 120.000 puestos, de acuerdo con las estadísticas de la cartera laboral.

La Universidad Nacional de Avellaneda realizó un ejercicio demostrativo de la debacle fabril mediante el análisis del comportamiento de 114 manufacturas: 72 dieron negativo (de los cuales 44 perforaron el 10%) y 41 tuvieron signo positivo. Sólo uno figura sin alteraciones.  

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