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La grieta sigue siendo la estrategia de Macri

El 21 de junio próximo, coincidentemente con la llegada del invierno, se cumplirán 492 años de la muerte de Nicolás Maquiavelo, autor de “El Príncipe”. Pese al tiempo transcurrido, los conceptos de esa obra universal siguen vigentes.

Ese es el caso de nuestro querido país, sumido en una grieta entre “macristas” y “kirchneristas”, que le permitió a Mauricio Macri alzarse con la presidencia en segunda vuelta.

Esa grieta construida y diseñada por el equipo de campaña encabezado por el ecuatoriano Jaime Durán Barba, parece ser la única alternativa con la que cuenta el macrismo para alcanzar una hipotética reelección del actual mandatario.

Así se encuentra el gobierno nacional, echándole la culpa de todos los males a la pesada herencia, a la supuesta corrupción kirchnerista y a factores externos que son imposibles de prever o manejar.

Las cuestiones que le preocupan al común denominador de la gente, no son proporcionales a las prioridades que maneja el macrismo en este momento. La obsesión por la reelección todo lo nubla.

Seguirán los incrementos en los combustibles, el dólar volátil, las subas en los productos -más allá de las medidas de contención y congelamiento de precios- el desempleo, la pobreza y la falta de reactivación de la economía.

El panorama es desolador para quienes sienten una especie de nostalgia por los buenos tiempos con Néstor y Cristina Kirchner. Eran tiempos de viento de cola que posibilitó contar con reservas récord, aunque ellas se hayan diluido en el tiempo.

Lástima que no se haya aprovechado mejor esa circunstancia para favorecer un genuino desarrollo de la industria y el comercio. Lo que sí se logró, y es innegable, es un gran bienestar de millones de argentinos.

Luego vino lo que todos sabemos, una grieta que fue alimentada por Macri para conseguir el objetivo de sentarse en el “Sillón de Rivadavia”, y tal cual como aquel primer presidente por ley se hicieron las cosas de igual manera.

Como Rivadavia, Macri sólo logró endeudarnos externamente y gobernó para beneficiar al sector más poderoso del país. Ese 12% que siempre manejó los destinos de millones y millones de argentinos.

Son los mismos beneficiados. Los intermediarios del empréstito con la Baring Brothers de Inglaterra y aquellos que se convirtieron en los terratenientes más poderosos con la Ley de Enfiteusis. Cualquier similitud…

Los medios de comunicación hegemónicos y ejércitos de “trolls” en las redes sociales hicieron el resto para que los argentinos, incluso en sus propias familias, alimentaran los desencuentros.

Ante este escenario poco propicio, el macrismo no quiere cambiar ni de candidato ni de receta. Quiere la reelección de Macri, y la continuidad de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires, y de Horacio Rodríguez Larreta en la CABA.

Sostienen que ese tridente político no se debe desarmar, teniendo en cuenta los buenos resultados alcanzados. Ni siquiera la mejor imagen de Vidal para la Presidencia, hace suponer que se baje la candidatura de Macri.

Por lo menos eso dijo el jefe de Gabinete, Marcos Peña, en una entrevista con el co fundador de Editorial Perfil, Jorge Fontevecchia, a quien le dijo que “Si no hubiera manera de ganar sin cambiar el candidato, seríamos los primeros en analizarlo”.

En esa extensa entrevista, el hombre que le habla al oído al Presidente, no aceptó que se relacionaran los resultados de las elecciones con la suerte que podría correr Cambiemos en los comicios presidenciales de octubre.

Trató todo el tiempo de enfatizar que hay que diferenciar el modo de votar en uno y otro caso y que el electorado sabe que son dos cosas distintas. Sin embargo, los ánimos están caldeados por las políticas nacionales e inciden en las votaciones.

Sólo un obstinado no puede ver la incidencia de la Nación. De ahí se explica la desesperación de los candidatos de Cambiemos por despegarse del presidente lo más decorosamente posible.

Una prueba más de que la grieta se quiere profundizar es que Peña sólo reconoce sólo a dos contendientes en el ring, Mauricio Macri y Cristina Kirchner. Del otro espacio, el que podría encabezar Roberto Lavagna, sólo dice que no ha crecido lo suficiente.

La polarización sigue siendo el plan A, y al parecer, no existe plan B, teniendo en cuenta que Vidal no saldrá a la cancha con otro rótulo que el de candidata a gobernadora de su provincia.

Para colmo de males, los radicales rebeldes están más lejos que cerca de la coalición gobernante y “Lilita” Carrió cada vez que habla se transforma en un ancla y en otra cultora de la grieta que quizás ya no le sirva tanto a Macri.

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