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Revelan la verdadera causa de la muerte de Lady Di

La muerte de Lady Di en un accidente de tránsito en París, el 31 de agosto de 1997, desató una oleada de teorías conspirativas que llegaron a señalar directamente a la corona británica. Pero, 20 años después, un libro ofrece detalles nunca conocidos de la trágica muerte.

El forense Richard Shepherd decidió escribir un libro para contar toda la verdad, luego que el jefe de la policía de Londres Sir John Stevens le pidiera en 2004 investigar si las tres muertes que dejó el hecho correspondían al accidente o no.

En su investigación, el analista relata que las muertes de Paul y de Fayed fueron inmediatas, pero no la de Diana. El millonario, “un hombre grande y que iba en un auto a más de 95 kilómetros por hora“, como se lee en el testimonio de Sheperd, iba sentado detrás del conductor, impactó contra él y ambos murieron en el acto. Con el golpe, Diana también se precipitó hacia delante, pero pesaba menos que sus acompañantes y sufrió menos heridas; además, estaba sentada detrás de Rees-Jones, sujeto con el cinturón y cuyo cuerpo se movió menos.

“Su lesión fue tan rara que en toda mi carrera creo que no he visto otra”, contó el médico al diario Daily Mirror. “La de Diana fue una lesión muy pequeña, pero en el lugar equivocado”, explicó Shepherd. Fue una hemorragia producida en una pequeña vena de uno de los pulmones de la princesa lo que acabó con su vida.

“Esa herida suponía un pequeño rasguño en una vena de uno de sus pulmones”, afirma el médico, agregando que “era muy rara. Tanto que no creo que haya visto otra igual en toda mi carrera. Era muy pequeña, pero estaba en el peor sitio”.

Según el doctor, si Diana hubiera llevado el cinturón de seguridad puesto, “probablemente habría aparecido en público dos días después, con un ojo morado, quizá con algún problema respiratorio por las costillas rotas y con un brazo en cabestrillo”.

“Diana empezó a perder gradualmente la consciencia (en la ambulancia camino al centro asistencial). Cuando sufrió un paro cardíaco, se hicieron todos los esfuerzos posibles para reanimarla y en el hospital pasó a cirugía, donde identificaron el problema y trataron de reparar la vena. Pero desgraciadamente fue demasiado tarde”, reveló Shepherd.

El forense explicó que “anatómicamente, es algo que está escondido, en el centro del pecho. Las venas, que no tienen la misma presión que las arterias, sangran más lentamente; de hecho, tanto que cuesta identificar el problema. Y una vez identificado, es todavía más difícil de reparar”.

“La muerte de Diana es un ejemplo clásico de lo que solemos decir casi después de cada muerte: ‘si sólo…’. Si sólo hubiera impactado contra el asiento de enfrente en un ángulo ligeramente diferente… Si sólo hubieran ido 15 kilómetros más despacio… Si la hubieran metido directamente en la ambulancia… Pero el mayor de estos peros dependía de la propia Diana: si simplemente se hubiera puesto el cinturón de seguridad… Habría estado sujeta. Seguramente habría aparecido un par de días después en público con un ojo amoratado, con dificultades para respirar de alguna costilla fracturada o con un brazo en cabestrillo”, remató.

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