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«Lo de Lanata es falso, lo que sí estamos haciendo es la serie ‘No Vuelven Más'»

«Me sorprenden dos cosas»,  comenta Mariano Amartino, una eminencia en el campo de la psicología 4.0. «La primera, es la absurda obsesión por manipular lo que la gente debe ver. Y la segunda, que se den el lujo de pagar Netflix ante la crisis terminal de nuestro país».

Luego de innumerables llamados al cuartel general de Netflix en Los Gatos (no es joda), pudimos dar con la CCM (Chief Crisis Manager) de la compañía estadounidense, quien fue contundente: «Agradecemos al ejército de militantes por la rapidez con la que llevaron a nuestra marca al Trending Topic en Argentina, lo que nos permitió crecer un 20% las suscripciones en un día y la posibilidad de aclarar que lo del documental de Lanata es falso. Sí es cierto que estamos encarando una producción titulada No Vuelven Más».

Por razones obvias, deslizamos que puede ser visto como una provocación aún mayor el título de la serie a lo que sucedió con Lanata. «De ninguna manera. NVM es una comedia cuya trama gira en torno al nido vacío, a esos matrimonios que no pueden superar la ida de sus hijos que no vuelven más, salvo a lavar la ropa, llevarse la comida que sobró en un tupper o a bañarse en la pileta con el calor sofocante del verano». Una trama extraña, casi tan extraña como la explicación, sobre todo en un momento donde no hay margen para la ironía. Igualmente hablamos con la productora que lleva adelante la serie y confirmaron que están en pleno rodaje, desde hace 4 meses.

Tampoco sorprende tanto. El año pasado, Buenos Aires fue elegida por unanimidad como «La Capital Mundial del Rumor» por un jurado reunido en Copenhague. Según la academia danesa, «obtuvo la más alta calificación por ser una ciudad donde todos están enfrentados entre sí, tratando de que sólo le vaya bien a ellos mismos». Somos el país que le dedica semanas de discusión al kilo de lechuga a $180. El país dónde un pobre joven que llegó a ser visto con binoculares, terminó ahogado en un río por no saber nadar. El país del fiscal que horas antes de atestiguar contra la ex presidente, apareció sin vida en su departamento y -en lugar de esclarecer el terrible episodio- hubo un sinfín de fotos y videos que lo pintaban como un adicto a la noche, al alcohol, a las sustancias prohibidas y a las mujeres ligeras. El país al que se le ocurre sacar conjeturas acerca de un Presidente que se quiebra cuando habla del estado terminal de su papá, dando paso a expertos en conflictos familiares, relaciones tortuosas entre padres e hijos y cuentas off shore que ahora quedarían a nombre suyo. Dejamos de ser complicados. Somos patológicos.

«Argentina es un país maravilloso que tiene todo dado para ser un jugador clave del mundo moderno y, de esa manera, generar riqueza para su gente», vuelve a la carga Mariano Amartino. «Argentina hoy sería Canadá, Singapur o Australia, si no fuera por ese mix de miseria humana más egoísmo crónico, sumado a esas ganas de que al otro le vaya mal, más el deseo irrefrenable de crear rumores en cuanta red social esté a su alcance, con tal de generar un malestar permanente en la sociedad».

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