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¿BBVA tendrá que entregar a Francisco González para salir del escándalo?

El que fuera director de Seguridad Corporativa del BBVA, Julio Corrochano, hacía de puente entre el presidente de la entidad, Francisco González, y el comisario de la Policía Nacional José Villarejo, contratado por los dos primeros para espiar a los rivales del banco, el mandatario de Sacyr Luis del Rivero, el industrial Juan Abelló y el entonces jefe de la Oficina Económica de José Luis Rodríguez Zapatero, Miguel Sebastián. Estos tres últimos lideraban la maniobra para hacerse con el control del BBVA y González quería estar al tanto de todos sus movimientos.

Según habría desvelado Corrochano a Villarejo, González se habría quejado de los informes elaborados por el excomisario, que escribía “mucho de oído, como diciendo de internet…”. Por esta razón, Corrochano le insiste en que los trabajos vayan al grano de la cuestión con “conclusiones”: “Mi presidente ni las conclusiones lee, hay que decirle pim, pim, pim, pim”, habría dicho Corrochano a Villarejo según Moncloa.com/

En aquella época, solo había dos modelos en el mercado que ofrecieron buenos resultados. Uno lo fabricaba la empresa americana Verint y costaba 600.000 euros. Obligaba a estar en un radio de 300 metros del teléfono que se quería pinchar. Era una máquina de gran tamaño y era necesario formarse en el extranjero para saber usarla. La otra máquina, de calidad superior, costaba en torno a un millón de euros y la vendía una compañía precisamente israelí. Su tamaño era menor y disponía de un radio de acción más amplio, por lo que no era necesario aproximarse tanto al objetivo.

Villarejo sospechaba que Sacyr había contratado los servicios de la agencia de investigación Kroll, una multinacional estadounidense especializada en la búsqueda de información empresarial. El nombre de esa agencia aparece igualmente al final del folio.

La operación defensiva —coordinada por Corrochano y Villarejo, denominada Trampa y que conllevó el desembolso de más de medio millón de euros del banco al comisario hoy encarcelado en el marco del caso Tándem— versó en todo momento sobre la consecución de información por parte del policía ahora jubilado de información que perjudicaba al grupo hostil al banco y que incluso le relacionaba con el Ejecutivo de Zapatero. De hecho, fueron las acusaciones de politización y la falta del respaldo del Banco de España las que provocaron que Sacyr renunciara a entrar en el consejo del BBVA en febrero de 2005.

Varias fuentes conocedoras de la situación aseguran que parte de las 4.000 personas que pudieron ser espiadas -entre ellas, políticos, empresarios, periodistas e incluso directivos del propio banco- van a emprender acciones judiciales contra el BBVA y FG. Por su parte, la Audiencia Nacional anunció la semana pasada la apertura de una pieza separada sobre estas escuchas en el juzgado número 6, el que instruye la causa principal (la ‘operación Tándem’) contra el excomisario.

La situación se está volviendo complicada para el BBVA, que se debate entre dos salidas, a cual más complicada. Puede seguir manteniendo que la cúpula del banco no tuvo conocimiento de la relación con Villarejo en este asunto, sino que actuó por su cuenta el entonces jefe de seguridad, Julio Corrochano. Y seguir negando que la salida anticipada de González de la presidencia tenga relación con este escándalo.

Pero ¿cuál es la credibilidad? El banco sí admitió en 2018 haber pagado 5 millones a las empresas de Villarejo por diversos trabajos, aunque le exigió que se mantuvieran dentro de la legalidad. Parece no creíble sostener que la cúpula no estaba al tanto de las actividades de alguien a quien contrataba con tanta regularidad y con unos honorarios tan elevados.

Luego, negar los hechos puede conllevar penas mayores en caso de condena, mientras que admitirlos y buscar acuerdos con los afectados rebajaría las condenas.

Ahora bien, admitir la culpa tampoco es nada sencillo porque implicaría ir contra el propio Francisco González, quien tendría que abandonar la presidencia de honor del banco y renunciar probablemente a su plan de pensiones de 79 millones. Además de que desmontaría la honorabilidad de la que siempre ha presumido González por contraposición a los numerosos escándalos que han afectado al Santander.

Carlos Torres, recién nombrado presidente de BBVA, ha enviado una carta a todos los empleados del banco dando explicaciones sobre la implicación del banco en el supuesto espionaje masivo a empresarios, políticos y periodistas encargado por el banco al comisario José Villarejo.

En la carta Torres ha admitido que el banco contrató a Villarejo, ahora encarcelado, y ha calificado el supuesto espionaje de “deplorable”, en caso de ser cierto. De hecho, según el escrito la investigación interna del banco no ha detectado evidencias de que dicho espionaje fuese encargado por el banco.

El banco encargó las pesquisas en junio, cuando se publicaron las primeras informaciones sobre la contratación de Grupo Cenyt, una de las empresas de Villarejo, por parte del banco. “La investigación ha verificado hasta ahora que Cenyt proporcionó distintos servicios al banco, pero no se han encontrado documentos relacionados con el control e intervención de comunicaciones privadas publicados por los medios desde el día 9 de enero”, asegura la misiva, recibida por los trabajadores del banco hacia las siete de esta madrugada.

Mientras se debate en esta difícil disyuntiva, la entidad abrió una investigación interna en junio, que hasta ahora no ha llegado a ninguna conclusión pese a los meses transcurridos. Según se ha publicado posteriormente, esta investigación fue encargada a 3 personas de confianza de FG y al despacho Garrigues.

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