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Se cerró el agujero de la capa de ozono en la Antártida pero…

El peligroso agujero en la capa de ozono sobre la Antártida desapareció, según anunció la Agencia Espacial Europea en su sitio web.

De acuerdo con el organismo, los datos que permiten anunciar el cierre del agujero sobre el Polo Sur fueron obtenidos a través del análisis de imágenes tomadas por el satélite Copernicus Sentinel-5P en noviembre 2017.

Ya hace 2 años, los científicos identificaron los primeros signos de “curación” de la capa de ozono en la Antártida, tras afirmar que hacia 2015 el agujero disminuyó en más de 4 millones de Km2, en comparación con su tamaño en el año 2000.

Entre las posibles causas de la recuperación de la capa, que protege el planeta Tierra de la radiación ultravioleta, se encuentra, según los investigadores, el cumplimiento del Protocolo de Montreal, firmado por todos los países del mundo en 1987. Este acuerdo prohibe el uso de los clorofluorocarbonos, que destruyen la capa de ozono.

Sin embargo, de momento, los científicos no pueden asegurar que el agujero no aparezca de nuevo.

Claus Zehner, jefe de la misión del Sentinel-5P explicó que “a menudo oímos sobre el cambio climático y la capa de ozono cuando consideramos por qué necesitamos monitorear la atmósfera. Pero la calidad del aire también es un problema global gigantesco. Afecta la salud de los humanos, la agricultura y la economía en general”.

El satélite también ha monitoreado la calidad del aire sobre grandes ciudades, los restos de cenizas volcánicas y amenazas de alta radiación ultravioleta en el mundo.

Sin embargo es peligrosísimo bajar la guardia. No hay lugar para la distracción.

En los años ’80 se observó que la presencia de ozono estaba disminuyendo debido a la emisión de gases CFC (clorofluorocarbonos) que provenían de la fabricación de ciertos materiales y que lo destruían. Fue entonces cuando comenzó a hablarse del agujero de la capa de ozono.

“Cuando los científicos descubrieron esto no podían dar crédito. Pero la reacción fue rápida y contundente. En 1987 lograron que se apruebe el protocolo de Montreal que salvó literalmente al mundo”, explica el profesor Jorge Mira.

El acuerdo prohibió cualquier tipo de fabricación de estos materiales contaminantes y, desde entonces, la capa ha estado recuperándose poco a poco.

El ozono dejó de ser una amenaza aunque, por el camino, aparecieron otras nuevas como el calentamiento global, asociado a otro tipo de gases, de ‘efecto invernadero’.

Sin embargo, la comunidad científica ha detectado una preocupante anomalía que ha sido publicada en un artículo de la revista Nature Communication.

“Alerta de un inesperado y persistente incremento de las emisións de CFCs (clorofluorocarbonos). Los investigadores observaron que hay más en el hemisferio norte que en el sur. Comezaron a hacer simulaciones para tratar de saber si hay algún proceso natural que redistribuye los CFCs por la estratósfera. Pero lo que descubrieron es que hay una nueva producción que no está siendo declarada”, comenta Mira.

El incremento sería del 25%. Se estima que desde 2012 se han estado liberado unos 13 millones de toneladas anuales. La fuente, que todavía no ha sido confirmada oficialmente, proviene del este de Asia y apunta a China.

“Proveen de la industria de la espuma de poliuretano, para la fabricación de edificios. Los organismos del protocolo de Montreal ya comenzaron a investigar y descubriron que 18 de 21 empresas chinas analizadas están usando CFCs. Parece una práctica común más que un hecho concreto”, reconoce el físico.

La comunidad científica ha calculado que esta nueva emisión retrasará como mínimo una década la recuperación de la capa de ozono. El escudo del mundo vuelve a estar en peligro.

La causa de este nuevo inconveniente es el diclorometano o cloruro de metileno (CH2CL2), un líquido incoloro creada en laboratorio (no presente en la naturaleza) que se utiliza como disolvente, eliminación de pinturas, limpieza de componentes electrónicos, aerosoles, pesticidas y juguetes termoplásticos.

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