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El éxodo de venezolanos se vuelve un grave problema en Colombia

La avalancha migratoria que se ha precipitado desde Venezuela, sobre todo por los tres puentes internacionales en Norte de Santander, por donde se estima que cada día cruzan 35.000 personas, ha trasladado a varias ciudades de Colombia una problemática que se creía exclusivamente fronteriza.
En menos de una década, sin estar preparada para ello, a Colombia le llegó una oleada de inmigrantes que supera la población de capitales como Bucaramanga o Ibagué. Solo por puntos fronterizos legales, se calcula que son cerca de 600.000 venezolanos que han cruzado a Colombia huyendo de su patria por cuenta de la mega crisis social, económica y política desatada por el régimen de Nicolás Maduro. Y a esto habría que sumarles los cientos de pasos ilegales que existen a lo largo de los más de 2.200 kilómetros de frontera terrestre entre las dos naciones, de La Guajira a la Orinoquia.
Cúcuta y Villa del Rosario son las poblaciones más afectadas por esta crisis humanitaria. Sus calles están atestadas de venezolanos que se ganan unos pesos como vendedores ambulantes de dulces, gaseosas y hasta electrodomésticos que pasan ocultos en maletas. Durante meses, el barrio Sevilla de Cúcuta albergó un sitio al que llamaron ‘Hotel Caracas’, un refugio improvisado en el que vivían 616 venezolanos. La existencia de ese campamento (desalojado el pasado 24 de enero por la Policía) fue la evidencia de que la migración venezolana había llegado a límites insostenibles. 
Por su parte, el presidente Juan Manuel Santos lanzó en Cúcuta una nueva estrategia que, en esencia, intenta ponerle orden a la llegada de venezolanos. Pero no será una tarea fácil. Cada día, según Migración Colombia, unas 37.000 personas están cruzando desde el otro lado de la frontera para rebuscarse alimentos y medicinas. Son los protagonistas de lo que los expertos denominan ‘migración pendular’, y para entrar Colombia usan la Tarjeta de Movilidad Fronteriza, que les ha permitido a por lo menos 1,5 millones de personas ingresar sin mayores trabas a Colombia por un corto periodo para proveerse de artículos básicos, buscar atención médica o trabajar por pocos días en labores del campo y otros trabajos no calificados.
Esa tarjeta de movilidad –cuya expedición se acabó esta semana, aunque siguen vigentes las entregadas con anterioridad– se convirtió en los últimos dos años en una tabla de salvación para muchos vecinos. A tal punto que llegó a ser usual que habitantes de los estados de frontera las tramitaran para sus familiares del interior y se las dieran como regalos de Navidad y cumpleaños.
Migración Colombia reportó a finales del 2017 que existen unos 550.000 venezolanos en condición regular o irregular en el país, un 62 por ciento más con respecto a un informe de mediados del año. Y en el último mes habrían llegado al menos 50.000 más. Muchos tienen familia en Colombia y han encontrado maneras de acomodarse en ciudades como Bogotá, Bucaramanga y Barranquilla.
Otros siguen de largo y usan nuestro territorio como puente. Ecuador, Perú, Chile, Estados Unidos, Panamá, México, España, Argentina, Brasil y Costa Rica son, en ese orden, los destinos a los que se dirigen, según las estadísticas de Migración Colombia. 
La explotación los ronda. En los últimos años más de 600 empresas y negocios han sido sancionados por contratar venezolanos en condición de ilegalidad. “No les pagan ni siquiera el salario mínimo, no los afilian a seguridad social y en muchas oportunidades a final de mes los botan sin un peso, aprovechándose de que no pueden reclamar por su condición de ilegales”, explica una autoridad que conoce la problemática. Uno de los negocios multados es un local en Bucaramanga en el que once jóvenes venezolanas ejercían la prostitución.
El escenario más extremo, el de los campos de refugiados con miles de personas atendidas con ayuda de las Naciones Unidas, también está previsto. En él, la pauta sería marcada por la Unidad Nacional para la Gestión de Riesgo de Desastres, que atendió, por ejemplo, la tragedia de la avalancha que destruyó el centro de Mocoa. Pero, advierten todos los analistas, la magnitud que ya tiene la crisis venezolana y, sobre todo, las mínimas posibilidades para que se resuelva o minimice en el corto plazo podrían desbordar las previsiones y capacidades de Colombia. 
Por eso, dice Jorge Humberto Botero, presidente del Consejo Gremial, este “es un reto que Colombia no puede asumir sola, el Gobierno de manera vehemente debe pedir ayuda a la comunidad internacional”. Esos contactos quedaron en evidencia en la visita de esta semana del secretario de Estado de los Estados Unidos, Rex Tillerson, y han sido permanentes con Naciones Unidas. Otros analistas señalan la necesidad de llevar el tema a la OEA.
“La llegada de ciudadanos de Venezuela no se va a detener y las elecciones de abril pueden llevar a una intensificación del éxodo”, anota Ronal Rodríguez, investigador del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario. Por lo que el exministro y exdiplomático Fernando Cepeda Ulloa, considera que Colombia tendría que pensar en liderar “un movimiento regional” para atender la crisis humanitaria.
Andrés Molano, catedrático de la Universidad del Rosario, remata: “La situación requiere mecanismos de responsabilidad compartida. Ningún país del mundo está preparado para recibir ese tipo de flujos migratorios”.

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