Argentina es cada vez más un país de fuertes contrastes y el consumo de vinos caros resulta un índice inequívoco del nuevo fenómeno. Cada vez se concretan más ventas de botellas que rondan los mil pesos o cajas de seis vinos por 1.800 pesos. Una tendencia que crece en el mercado doméstico.
Ni el INDEC puede negar que Argentina es un país de consumos cada vez más polarizados. Y el vino no escapa a esta lógica. Así como el 99% de las ventas del mercado se concentra en la franja que llega hasta 21 pesos, en el otro extremo, los vinos que superan los 100 pesos son un segmento que crece velozmente.
Indicios de esta tendencia sobran en el mercado: un tipo que celebra su boda con 25 cajas de vino a 1.800 pesos cada una; la edición especial de Viña Cobos, con una vertical de su Malbec, se agota en un bimestre aún cuando cuesta 10.000 pesos cada una; y Última Hoja o Magdalena Toso, botellas que ascienden a mil pesos la unidad, en algunos puntos del país se venden sin problemas.
Hasta hace poco, este fenómeno se explicaba echando mano a los turistas. Ellos, se decía, fogoneaban el consumo interno de vinos de lujo. La postal retrataba a un gringo que entraba a una vinoteca con el listado del gurú Robert Parker a comprar con pesos los puntajes que cuestan dólares en su país de origen. Pero ahora la cosa parece haber cambiado. Sacando a los extranjeros, en nuestro país existe un grupo creciente de consumidores que apuesta por los vinos high end. Y según fuentes del mercado, el grupo parece haberse agrandado a contar de la crisis de 2008.
En vinotecas como Wine Gallery o Le Choix du Vin, ambas ubicadas en el selecto mundo de Recoleta, en Buenos Aires, es frecuente ver compradores que se despachan con una botella como las mencionadas. Pero más allá del lujo estratosférico de esas marcas, cada vez más compradores van a buscar botellas de 100 a 300 pesos, un segmento que crece con fuerza. Incluso hay quienes las compran por caja.
Testigo de este fenómeno es Magdalena Salaberry, socia de Le Choix du Vin: “Por 100 pesos la botella vendemos unas 5 a 7 cajas en promedio por semana,” le cuenta a este cronista. La suma es inmediata: hasta 1.800 pesos por cada venta y en sólo seis botellas de buen vino.
En un país donde el salario mínimo ronda los $1.700 nominales, una compra de vinos por ese monto es un lujo para unos pocos. O así era. Porque a juzgar por lo que se dice en el mercado ese grupo se agranda y no parece acotado geográficamente. Si tomamos lo que sucede en la cadena de vinotecas Winery, la radiografía es más amplia. Sumando sus 14 locales vende más de 150 cajas cerradas de vinos por ese valor, según contó a este cronista Moisés Chmea, socio gerente de la firma. Y sus números son crecientes.
¿Alguna explicación?
Las razones por las cuales alguien decide gastar en sólo seis botellas de vino lo que cuesta al mes alquilar un tres ambientes, son muchas y variadas. Hay una, sin embargo, que engloba a marcas como Catena Zapata, Yacochuya, Val de Flores, Cheval Des Andes, Achával Ferrer y Carlos Pulenta: su exclusividad y la experiencia de lujo y sofisticación que proponen ¿Quiénes son estos nuevos compradores de lujo?
Fernando Gourian, gerente de Marketing de Bodega Chandon, tiene una pista: “La modalidad de consumo es la que ha cambiado en este tiempo. El consumidor está muy informado y compra por los valores racionales de ciertas marcas, o bien por la experiencia que proponen,” explica.
Martín Buschi, vendedor al frente de la sucursal recoleta de Wine Gallery, por su parte apunta otro dato: “Es gente que viene a averiguar por qué le gustó tanto el vino que le convidaron en una reunión de trabajo o en casa de unos amigos. El tipo quiere saber. Pregunta, es curioso. Y entiende a la perfección que tiene que pagar para darse el gusto,” afirma Buschi, quien, por su mostrador, despacha vinos a un precio promedio de 150 pesos la unidad.
Diego Schvartzman, de la consultora Maison du Luxe, especializada en el negocio del lujo, apunta que “el argentino es un mercado maduro para un consumo así, pero aquí aún no hay marcas de lujo locales, como Chanel o Dior. Lo que hay es lo que llamamos un lujo pop: ejercicios de alta gama, productos Premium y Ultrapremium que encuentran un mercado demandante y mal satisfecho aún,” explica. De ahí que en vinos, donde los importados son muy acotados, este lujo pop encuentra una demanda virgen e insatisfecha.
Con todo, el mercado de vinos caros hoy es el más dinámico en nuestro país. A contar de 2008, según números que publicó recientemente la consultora Nielsen, pasó de ocupar menos de 0,1% al 0,5% de total. Y si la parcela es chica, conviene acotar que crece más velozmente que el resto









